El Interregno

Se conoce con el nombre de Interregno al periodo de veintiséis meses, desde la muerte de Martín I, el 31 de mayo de 1410, al Compromiso de Caspe, el 28 de junio de 1412, en los que el trono de Aragón no estuvo ocupado. Se orientó desde el principio a garantizar la continuidad de la Corona, evitar la guerra civil y buscar el consenso y el compromiso para alcanzar una solución que respetara los derechos de los aspirantes y los deseos de los Estados.

A finales de mayo de 1410, el control político de Aragón estaba en manos de las personas que ocupaban los cargos con mayor responsabilidad: García Fernández de Heredia, arzobispo de Zaragoza, Juan Jiménez Cerdán, Justicia de Aragón y Gil Ruiz de Lihorí, Gobernador. La autoridad compartida les permitió, tras la muerte de Martín I, mantener las instituciones en funcionamiento a pesar de la inestabilidad social que afectaba al país y la presión forzada por los bandos.

La existencia de un poder institucional coordinado en los primeros momentos del interregno impidió la proclamación por la fuerza de alguno de los candidatos y favoreció también la imposición del criterio de abordar la sucesión por la vía de la justicia y esperar a que se designara sucesor a aquel de los candidatos que presentara mayores derechos.

De este modo, los Parlamentos de Aragón, Cataluña y Valencia, convocados de emergencia, tomaron la iniciativa y con el respaldo del papa Benedicto XIII, se llegó al llamado Compromiso de Caspe en junio de 1412, que restablecía la monarquía aragonesa en la persona de Fernando I.