Parlamento de Alcañiz y Zaragoza

El período de incertidumbre después del asesinato del arzobispo de Zaragoza García Fernández de Heredia se prolonga hasta mediados de julio de 1411. El Gobernador y el Justicia con el apoyo de algunos miembros de la nobleza y de los embajadores de Fernando de Castilla, decidieron que el proceso interrumpido continuase a partir de lo que se pudiera aprovechar de lo ya construido y apoyándose en la legitimidad de lo aprobado en el Parlamento de Calatayud. El punto de partida era la diputación que había sido nombrada en ese Parlamento y que había recibido el encargo de organizar la asamblea general de la Corona.

El Gobernador y el Justicia pusieron especial cuidado para que no hubiese problemas en la constitución del nuevo Parlamento. Existía la necesidad de actuar con rapidez después de más de catorce meses sin monarca.

El Parlamento de Alcañiz y Zaragoza se lleva a cabo desde el 2 de septiembre de 1411 hasta el 2 de julio siguiente. Los representantes de los cuatro estamentos o brazos de las Cortes (brazo eclesiástico, alta nobleza, pequeña nobleza y ciudades) permanecen reunidos diez meses, con una primera fase en Alcañiz, hasta el 26 de marzo, cuando dan por concluida su misión de preparar el cónclave de los compromisarios en Caspe y deciden trasladarse a Zaragoza, donde se reanuda la asamblea el 13 de abril y se prolonga hasta los últimos actos del 2 de julio.

Destacan cuatro momentos: el complicado proceso de su convocatoria, constitución e inicio de las sesiones, la gestación y aprobación de la llamada Concordia de Alcañiz firmada el 15 de febrero de 1412; la nominación de los nueve compromisarios que iban a actuar en Caspe, que culmina el 14 de marzo, y la espera del veredicto de los compromisarios con el que se cierra todo el proceso y que se recibe en Zaragoza en la sesión del 30 de junio.

Los intercambios de información con el Parlamento de Cataluña fueron continuos. Cada Parlamento disponía de una delegación en el otro, con capacidad de exponer, tratar y debatir todo. Tras cinco meses llenos de incertidumbre y diferencias entre los partidarios de los distintos candidatos, sobre todo entre los de Jaime de Urgel y Fernando de Castilla, el día 15 de febrero de 1412 se firma la llamada CONCORDIA DE ALCAÑIZ. Se trata de texto desglosado en treinta artículos que resuelve las cuestiones de procedimiento que permitan llegar a la proclamación del rey de Aragón por la vía de la justicia, evitando la ruptura de la unidad de la Corona, así como la posibilidad de que alguna parte de la sociedad política se sintiese apartada de la decisión, estando de esta manera capacitada para negarse a admitirla.

Los Parlamentos disponían de veinte días tras la firma de la Concordia para elegir a los nueve compromisarios que debían reunirse en Caspe el 29 de marzo.  Las nueve personas propuestas eran Pedro Çagarriga, arzobispo de Tarragona, Guillem de Vallseca y Bernardo de Gualbes por Cataluña, Domingo Ram obispo de Huesca, Berenguer de Bardají y Francisco de Aranda por Aragón, y Bonifacio Ferrer, Vicente Ferrer y Giner Rabaça (sustituido posteriormente por Pedro Beltrán) por Valencia.

La última fase del Parlamento aragonés se desarrolló en Zaragoza y corresponde al tiempo en que los brazos del reino están a la espera de que los nueve compromisarios lleguen al veredicto final. Entre tanto ellos atienden sus necesidades y preparan los actos de recepción del nuevo monarca.

Finalmente, el día 30 de junio se presentó en la sala del Parlamento el enviado de los nueve compromisarios con la carta en la que comunicaban que el nuevo rey y señor de los reinos y tierras de la Corona Real de Aragón era Fernando, infante de Castilla. En ese momento, todos los parlamentarios y las demás personas que estaban allí, exclamaron "¡Viva, viva el rey don Ferrando!".

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